¡Llámanos y déjanos ayudarte! Tel.: 2263 1478

Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Familiar

Madre

Quiero comentar que cuando yo encontré el Centro Terapéutico de Adicciones (CTA) estaba destrozada y angustiada por el problema de adicción de mi hijo de 16 años; había buscado ayuda en personas e instituciones gubernamentales que lo único que hicieron fue aumentar mi frustración.

Cuando me recibieron yo esperaba un grupo de personas adultas que me iban a decir en qué había fallado y qué tenía que hacer con mi hijo o qué tenía que ser más estricta con él.

Me sorprendí que la persona que me recibió fue un joven que escuchó mi angustia y que no se sorprendió de la actitud de mi hijo: expulsiones continuas del colegio, actitud desafiante, negativa a recibir ayuda, no permitía consejos, etc.

Al contrario, me explicó qué era la drogadicción y que mi hijo necesitaba con urgencia AMOR y un programa de recuperación. Ese día sentí esperanza, que era lo que había perdido, lo inscribí y el día siguiente comenzó. Asimismo, me explicaron que yo también necesitaba ayuda, que por supuesto yo no sabía que también necesitaba recuperarme.

Han pasado tres meses y mi hijo y yo somos otros en proceso de recuperación, no ha terminado pero estoy segura que llegamos al lugar correcto. Mi hijo no está consumiendo, y sobre todo aceptó que tiene un problema de adicción y que necesitaba ayuda, que depende de él superarlo, ya está estudiando de nuevo y seguimos luchando, educándonos para entender y comprender la adicción.

Gracias a todo el equipo y bendiciones en tan difícil labor.

Una madre agradecida.


Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Familiar

San Salvador, 3 de febrero de 2016

Sres. Centro Terapéutico de Adicciones

Queremos agradecer la ayuda que nos han brindado a nosotros como familia que pedía a gritos un auxilio para rescatar a nuestro hijo de la ola de violencia manifestada en este destrozado país como es el consumo de drogas en los jóvenes.

Somos los papás de un muchacho de 17 años que se metió en líos de drogas.

Somos una familia salvadoreña, luchona, que quiere el mejor futuro para sus hijos, lo que nos conduce a escoger el mejor colegio y las buenas amistades para lograrlo; pero nos hemos dado cuenta que es allí en los mejores colegios donde nuestros hijos están expuestos al consumo de drogas y al alcohol, más que afuera; por la cantidad de niños que están consumiendo y la facilidad para ellos de conseguir dinero y comprarla.

Como ciegos padres y para que el muchacho tuviera más amigos le dimos los permisos tanto en día como en noche para que este jovencito saliera a fiestas de 15 en hoteles, clubes reconocidos por las tardes y en las noches, gettogether donde los amigos, fiestas pagadas con derecho a tomar de todo, idas al cine en centros comerciales, etc.

Todo esto es lo que nuestros hijos frecuentan es exactamente donde más se consume, los vendedores de drogas es donde han encontrado su máximo negocio, incluso dealers a domicilio.

En unas vacaciones a nuestro hijo le comenzamos a ver cambios de conducta en casa: mucho tiempo en el celular e internet, amigos nuevos que llegaban a la casa, más tiempo a solas, un cambio de humor excesivo, destrozaba puertas, desaparecían cosas de valor, dinero, ojos rojos, olores raros, más tiempo de lo normal en el baño y encerrado, ensimismado, sin ganas de estar con su familia; ausente de todo; comenzó a no comer, a no dormir, a ponerse más flaco y demacrado, mentía mucho, salía con más frecuencia y se escapaba con otros amigos que ya manejaban. Lo atribuíamos a que estaba creciendo y que su adolescencia, según el psicólogo de ese entonces, era normal, un poco turbulenta, pero que ya pasaría.

Fue una etapa difícil para nosotros como familia. Acudimos a muchos lugares buscando ayuda, pero Dios es grande y misericordioso nos mandó  un ángel para que viéramos una entrevista en la TV y así supimos de la fundación, nos pusimos en contacto. Al principio estábamos escépticos, incrédulos, pues ya antes nos habían dicho muchas cosas y nada funcionaba.

Entramos con la cabeza agachada, de sentirnos malos padres por dejar que le pasara esto a nuestro hijo.

El Centro Terapéutico nos abrió los ojos y las puertas a un mundo que no conocíamos, nos dijeron paso a paso como funcionaban las terapias, talleres en grupo, una a una y que en realidad funcionan.

El Centro Terapéutico nos entregó más que las terapias, charlas y ayuda, nos entregó de regreso a nuestra familia destrozada.

Queremos expresar que estamos sumamente agradecidos por la gran labor que realiza el equipo de la Fundación, en especial a Don Eduardo Loyola, que ha sido un gran amigo, consejero para nosotros y que ha estado allí en épocas de crisis, infinitas gracias.

Dios les colme y multiplique en bendiciones lo bueno que están haciendo en esta sociedad.

Adelante con su ardua labor. Muchos éxitos.

Familia agradecida L.R

Dios los bendiga.

 

 

Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Paciente

Chera 24 años

Llegué al Centro Terapéutico de Adicciones (CTA) por mi propia voluntad. Después de pasar una noche de consumo muy desagradable, reconocí que ya no tenía control sobre mi consumo de alcohol y cocaína, que necesitaba ayuda profesional porque sabía que sola no iba a poder.

Mi relación con mi familia era pésima y no tenía ningún tipo de relación con Dios. Comencé el tratamiento en el CTA y más que ayudarme a dejar de consumir, me ayudaron a comprender el motivo de mi adicción y a restaurar mi relación con Dios y con mi familia.

Ahora tengo un año sin consumir, Dios es el centro de mi vida. Puse mi propia empresa y estoy terminando mis estudios. Mi vida dio un giro de 180 grados y ahora soy todo lo que pensé que nunca hubiera podido llegar a ser. El CTA cambió mi vida.

 

Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Paciente

Chero 23 años

Yo llegué al Centro Terapéutico de Adicciones (CTA) con muchos problemas y afligido que no podía encontrar salida a ese mundo del consumo de drogas. Cuando llegué al CTA encontré una luz, cariño, calor y personas que me han apoyado desde el inicio, no solo a mí, sino también a mi familia.

Hasta hoy en día, mi vida ha cambiado demasiado, ya tengo metas, ya pienso diferente y lo mejor de todo, que ya puedo disfrutar sin consumir drogas, que cuando llegamos al centro eso lo miramos imposible. La recuperación requiere sacrificio, pero eso tiene su premio que es ser alguien en la vida.

Por: David Israel Águiluz González

Nombre:

Marta Estrada

Tipo de Testimonio:

Familiar

Respetable Sr. Eduardo Loyola:

Deseo que cuando reciba la presente comience este año de múltiples éxitos, que todo lo que realice sea fructífero y lleno de bendiciones de nuestro padre celestial al lado de su querida familia.

Quiero expresarle que cuando llegamos a su distinguida oficina, en realidad no tenía idea con la persona que me entrevistaría, no sabía en realidad a lo que iba. Me acompañaba mi hijo, me encontraba tensa, pues algo me decía que el plan que me presentarían era de aquí al cielo.

Pero quiero decirle que agradezco a Dios en primer lugar, no cabe duda que Él me guió donde usted y hasta ahora estoy tan agradecida por qué Dios no se equivoca, uno sí. Cuando usted nos recibió amablemente, sentí que la carga que llevaba sobre mis hombros se esfumó. Recuerdo que con una gran paciencia nos explicó de qué se trataba el Centro de Rehabilitación, en realidad quedé impresionada por el profesionalismo con el que dan la atención, con el apoyo del grupo multidisciplinario con el que trabajan, llenando una guía de expresiones espirituales a los jóvenes que reciben tratamiento.

Es indudable lo que usted, Eduardo, realiza con los demás profesionales. Que cuando finalizó en describirme todo el plan, créame que pensé que eso costaría un gran dineral, pero honestamente le digo si no lo poseo, pero al saberlo, no es nada en comparación de la restauración de los jóvenes.

Estaba tan desconsolada por mi situación económica y si quería que mi hijo recibiera la ayuda, estaba convencida que la formación de ustedes funcionaba, jamás olvidaré sus palabras, Eduardo, tan certeras y llenas de comprensión y aliento y me dijo: déjelo señora, vamos ayudarle como podamos, y le recalqué, no puedo, Eduardo, no poseo, y usted con una gran amabilidad me dijo: no se preocupe me va a pagar con sus oraciones, le digo, Eduardo, sigo orando por usted su familia y todo su equipo y que siempre sea prosperado en todo lo que emprenda.

Sabe que es sentirse sin esperanza y solo con oscuridad y de repente sale una luz que a mi devolvió la vida, ya no hallaba que hacer con mi hijo, nada le funcionaba, y algo que también le agradezco que mi hijo nunca se ha sentido marginado por nadie de ustedes, se siente parte de ustedes, él se siente agradecido, que ya forma parte del Centro Terapéutico. He visto la mejoría de mi hijo, sí sé que es paso a paso y todavía tiene su lucha, experimento con agrado cuando se desespera por la hora para estar presente donde ustedes.

Realmente lo que ustedes han hecho por mi hijo solo Dios les va a recompensar y nadie hace la obra en estos tiempos, pero como Dios no se queda con nada, Él les va a multiplicar abundantemente, ¡Estoy satisfecha y totalmente agradecida con ustedes, son ejemplares ante tanto joven que necesitan esta ayuda!

Eduardo, quedo infinitamente agradecida, sentía que perdía mi vida, gracias mil gracias, ¡Dios me lo puso en mi camino!

Atentamente:

Marta Evelyn Estrada Muñoz

Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Paciente

Chera 24 años

Los dos adjetivos que describen mi experiencia en el Centro Terapéutico de Adicciones (CTA) son: aceptación y empatía. En el CTA encontré por primera vez terapeutas que entendían mis sentimientos, pensamientos y realidad, no porque aprendieron de ello en un libro de texto, sino porque lo han vivido.

El centro va más allá de sólo asistir al paciente, ya que trabajan con la familia para sanar de manera holística la enfermedad del paciente. Asimismo, los terapeutas están disponibles para apoyar a sus pacientes inclusive fuera de horas hábiles, asegurando que el paciente nunca se encuentre solo.

Gracias al apoyo que recibí del CTA, tengo varios años sin consumir, he logrado restablecer mi estabilidad emocional y espiritual y he logrado éxito en lo profesional y personal.

 

Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Familiar

Madre

Años atrás en momentos de desesperación por el descubrimiento de las adicciones de mi hijo, busqué información en el Centro Terapéutico de Adicciones (CTA), en donde fui recibida con mucho cariño y apoyo incondicional. Ahí recibí información sobre adicciones en alcohol y drogas. Cuando una madre descubre que su hijo anda en malos pasos, ignora lo que es el tema de las adicciones y cae en desesperanza por el hecho que uno no conoce el tema. Es allí donde uno necesita el apoyo del CTA.

Eduardo Loyola, terapeuta clave y amigo incondicional, ha sido el encargado de apoyar y rehabilitar a mi hijo. También como madre, he recibido terapias y actualmente asisto al grupo de apoyo para madres CODA, en el cual he aprendido a liberarme de los sentimientos de culpa y codependencia. El centro ha sido de gran bendición para mi familia en cuanto a la rehabilitación de mi hijo y apoyo familiar.     

 

Nombre:

Anónimo

Tipo de Testimonio:

Paciente

Chero 30 años

Cuando llegué al Centro Terapéutico de Adicciones (CTA), mi vida se hundía en un espiral de consumo de alcohol y cocaína que estaban destruyendo todos los aspectos de mi vida, el cual había dado inicio en mi adolescencia y había ido incrementado con el paso de los años.

Traté de cambiar y dejar el consumo por mis propios medios, muchas veces sin lograrlo. Habiendo perdido a mi pareja sentimental a causa de mis adicciones, con mis relaciones familiares completamente destruidas y a punto de perder mi trabajo, acudí a buscar ayuda y fue gracias al acompañamiento de un equipo multidisciplinario y el tratamiento individualizado de mi caso, que me ayudaron a lograr abrir los ojos y descubrir una nueva forma de vivir libre de alcohol y drogas.

Puedo decir sin dudarlo que ha sido la decisión más importante en mi vida y que mi familia y yo estamos sumamente agradecidos con la atención brindada en el CTA.

 

Nombre:

David Águiluz

Tipo de Testimonio:

Paciente

Soy un joven de 23 años, estudiante de psicología en una de las universidades privadas de El Salvador. Hace un año comencé a rehabilitarme de los problemas de las drogas en el Centro Terapéutico de Adicciones (CTA), porque tenía un serio problema de adicción con sustancias tanto de origen químico como natural (marihuana), estaba causando molestia y malestar a mi entorno familiar y básicamente lo había perdido todo, incluso hasta mi estudio.

Llegué al CTA con una serie de emociones y sentimientos no muy agradables, pues la duda me invadía pensando si en verdad existía un lugar que me pudiera ayudar con mi problema de las drogas, de algo sí estaba seguro ya no había nada que perder. Pensé encontrar a personas en fases avanzadas o incluso terminales en su adicción, pero mi sorpresa fue encontrar un lugar muy acogedor, casi un oasis de los que intentaba buscar durante mi turbio caminar en el desierto de la adicción.

Durante nueve años fui preso de las drogas, comencé a los trece años ingiriendo cigarrillos con mis amigos, luego nos íbamos de juerga destapando botellas, que según nosotros contenían el secreto de la felicidad, más adelante un cigarro no muy común y un olor extraño me despertó la curiosidad, fue ahí donde comencé a fumar marihuana. Fue esta última la que me generó más placer y bienestar, no era muy cara, pensaba, y por ende es muy fácil conseguirla.

En efecto era fácil obtener un toque de placer y bienestar, aunque su precio era adentrarse por lugares no recomendables hoy día. Poco después buscaba alternativas de cómo superar el efecto de la marihuana y a menos de 17 años comencé a inhalar thinner, una especie de disolvente para pintura; por el mal olor y el malestar que me causaba (dolor de cabeza) dejé de inhalarlo y preferí continuar solo con la marihuana. A mi mayoría de edad pensaba tener más superación a los efectos del alcohol y empecé a mezclarlo con la marihuana, pasándome de la raya y llegando ebrio a mi casa, donde lo único que encontraba era a mi madre preocupada por mí y molesta por la hora (muchas veces al día anterior) y por el estado en que llegaba. Desde ahí comenzaron los problemas dentro de mi familia, peleas con mi madre y hermanas, el ego comenzó a crecer justificando no necesitar ninguna ayuda y pensando tener control sobre mi situación.

Uno de los terapeutas y una gran persona, comprometida con su trabajo por la lucha de arrebatar de las garras de la adicción a cientos de adictos, Eduardo Loyola, un hombre bendecido por la mano divina de Dios, un ex adicto y capacitado, capaz de comprender desde sus adentros la situación por la que atraviesa un drogadicto. Fue quien puso la total confianza en el Ser Divino y en mi capacidad para salir adelante. ¡Él me ha ayudado mucho!

La lucha es grande y por eso la clínica está especializada con más profesionales en el caso, como lo es el psicólogo Carlos Urías, comprometido con el trabajo exasperado del combate a las drogas, capacitado y capacitador de temas como la adicción, también, Tomás Mendoza, teólogo, que imparte sesiones dentro de la clínica y que he aprendido mucho de sus enseñanzas.

Cansado de mi estilo de vida y de todas las malas historias causadas por mi adicción, de ver cómo me iba separando de mi familia sin ni siquiera poder hacer algo por ello. Recuerdo que en un tono de protesta dirigí mis ojos al cielo y pregunté a Dios si me había creado a mí para sufrir de esa manera, si en realidad había nacido para ser un adicto. Poco después se me presentó la oportunidad de recibir ayuda por parte del CTA; ya llevo un año en rehabilitación y puedo decir que mis perspectivas de vida han cambiado, ahora soy un joven con objetivos y determinación, recuperé mi estudio y estoy restaurando mi relación familiar, todo gracias a un Ser Superior que accionó en mi vida por medio del CTA, con un personal capacitado para ello y buenos amigos, personas que ponen su fe en Dios y apuestan un logro por alguien que ya lo perdió todo.

Por: David Israel Águiluz González